En marcha hacia el cielo

Doce Harley Davidson con pilotos de excepción, los jugadores del Bizkaia Bilbao Basket. La imagen no es gratuita. Simboliza la puesta en marcha de una banda bien organizada que busca imponer su ley sobre el asfalto, cambiado esta noche por parqué. Es la fotografía que abre esta edición de EL CORREO, una alegoría del poder. Corrió el rumor generalizado, décadas atrás, de que estas joyas de dos ruedas datadas originalmente en Milwaukee perdían aceite. La compañía rebatió la tesis de la manera más ingeniosa jamás contada. Lanzó una campaña de publicidad con una de sus máquinas alejándose y dejando tras ella un enorme reguero viscoso. La leyenda rezaba: 'Una Harley no pierde aceite, marca su territorio'. Ese es el lema que se han tatuado los hombres de negro.

Si se jactaron mediada la temporada de carecer de rival continental (sumaron diez partidos seguidos ganados), ahora es el momento de reivindicar tal supremacía. Han arrancado Katsikaris y su séquito y los motores de cuatro tiempos ofrecen un sonido celestial. 'Blackpower'; el negro debe ser el color que inunde el fin de semana. La cordada vizcaína ha emprendido la ruta hacia el cielo. No se plantea cumbres alternativas -aunque ganar hoy y plantarse en la final sería ya un premio- y cuenta con el apoyo de más de tres mil sherpas dispuestos a compartir el peso que les toque transportar.

Está el Bizkaia aún relamiéndose tras catar la tarta con que celebró su décimo aniversario cuando se enfrenta a la reválida de su vida. Le separan cuarenta minutos de la puerta de acceso a las mejores vistas del firmamento. Su futuro se mide en lo que dura un capítulo de cualquier serie de moda, publicidad incluida en el lote. Así de cruel. Y de emocionante. Coincide en Vitoria con tres alternativas igual de respetables, aunque una de ellas parece empeñada en salpicar fuera del recipiente. Total admiración por un Alba Berlín, rival rocoso donde los haya, que tendrá pese a su inferioridad numérica el plus emocional de contar con decenas de aficionados a los que ni el volcán islandés Eyjafjalla ha detenido al cerrar el espacio aéreo alemán y llegarán casi con el tiempo justo para ver el partido tras compartir una sobredosis de horas en buses y coches particulares.

No menos digno de saludo montera en mano se ha ganado un Panellinios modesto, casi testimonial en su Atenas de procedencia pese a su centenaria historia, que arriba a la sede alavesa de la Final Four con los cien fieles que nunca le fallan, quizá porque son los únicos que tiene. El único chirrido ha llegado desde Valencia. Está en su perfecto derecho el Power Electronics en asumir un favoritismo que la estadística le brinda. Y goza de libertad de expresión para proclamar a todos los vientos conocidos la excelencia de su denominación de origen. Pero no es elegante el alegato de Marko Marinovic, por mucho que el serbio haya ofrecido a los suyos casi sus dos únicos partidos potables del año contra la franquicia vizcaína. Menospreciar a la marea negra afirmando que «mil valencianos valen más que cuatro mil bilbaínos», además de convertirle en un personaje de escaso calado popular, no refleja una realidad que podría ser rebatible con el minoritario eco que logró el entonces Pamesa la pasada campaña cuando se que quedó en el primer corte de la Final a Ocho de Turín. Hay manías que no varían. Una de ellas es la de ocuparse del prójimo más que de uno mismo.

Ajeno a esos livianos lodos, el mundo del Bizkaia orbita en otra dimensión. Busca en su interior motivos para creer. Se sabe en un buen momento, como atestiguan las ocho recientes victorias consecutivas en Liga. Presume de contar -números cantan- con la afición más numerosa de la ACB y la segunda cuando se trata de movilizarse. Y, lo más importante, tiene fe en el trabajo y mentalidad con que Katsikaris y los doce diablos del asfalto afrontan una cita histórica, el partido más importante desde el nacimiento del club.

El premio es lo suficientemente jugoso (Eurocup para el finalista y Euroliga para el campeón) para desatar los más bajos instintos deportivos de los cuatro contendientes. El Bizkaia está preparado para todo. Tiene el cincel listo para arremeter contra el rocoso Alba. Demolición o fina tarea orfebre. Es lo de menos. Se trata de liberar el paso camino del cielo.

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